Hola, ¿que hay?, ¿como va todo?
Os quería hablar de un amigo. Un amigo muy particular... Sí, todos tenemos algún amigo al que no hay por donde cogerlo, bueno sí, se me ocurre un sitio...
El “elemento” se llama Andrés... aunque a él le gusta llamarse Paco. ¿Qué por qué? Porque su tarjeta de presentación a las chicas es: “Hola, soy Paco y si quieres me la saco...”.
Como podreis imaginar, su éxito con las chicas es el mismo que el de Gasol jugando al escondite. A mi me gusta llamarlo sombras, por las pocas luces que tiene. Otros, lo llaman el matemático, ya que dicen que inventó el teorema de acción y reacción: cuantos más intentos haga él por ligar más veces le dirán que no.
El caso es que alguna amiguilla ha tenido.
Un día conoció a una chica y fue como un flechazo a primera vista... Bueno, a primera vista no fue porque la chica era ciega. Tampoco es que le enamorara la voz de mi amigo, ya que la chica también era sorda. El caso es que la chica estaba trabajando en su caseta de la ONCE cuando llegó mi amigo y leyó: “ni veo ni oigo, pero con el tacto puedes pedirme los cupones que quieras”. Mi amigo, después de pensar (seguramente, por primera y última vez en su vida) cogió con sublime ternura la mano de la chica, acariciándola como el que toca algo precioso y frágil, estiró uno de los dedos de la chica para indicarle que quería un cupón y le puso el importe en la otra mano. La chica se había quedado prendada de aquel "caballero". Todo iba de maravilla hasta que mi amigo sintío un fuerte picor en la nariz y aprovechando que tenía cogido el dedo de la chica lo usó para introducírselo en l nariz y sacarse un moco, que pegó en la blusa de ella porque, según me dijo él, "el moco era mío pero el dedo era suyo". La chica, que no veía pero ni falta que le hacía, le dió una hostía y las gafas aún las está buscando él
La segunda “chica” en su vida fue una chica tamaño familiar XXXL plus +. Era un encanto. Cariñosa, dulce, paciente... Aceptaba todas las bromas de mi amigo. Hasta esa broma que le gustaba repetir a él: “es más fácil saltarte que rodearte”. ¿Quién le aguantaría algo así? El caso es que un día se fue todo al traste. No contento con decirle que es más facil saltarte que rodearte, trató de llevarlo a la práctica, pues quería comprobar si efectivamente era más fácil saltarla que rodearla. Puso el cronómetro en marcha, a toda velocidad la rodeó, paró el cronómetro, lo puso de nuevo en marcha y trato de saltarla. El resultado fue un desastre. No consiguió saltarla y acabaron los dos en el suelo, justo antes de que pasara el metro, en pleno centro de la ciudad... La chica, que nunca había jugado al futbol, se abrío de piernas, colocó sus manos en las caderas... y al estilo Cristiano le dio una patada en los huevos que aún se los está buscando el menda.
Y a la tercera parecía que iba la vencida. Esta vez sí que se enamoró mi amigo hasta los huesos. Me pidió consejo días antes de San Valentín. Quería hacer algo especial y no quería pifiarla. Yo le aconsejé que no comprara ni bombones ni perfumes, ya que el "sombras" tiene el gusto donde recibió la patada... y capaz era de regalarle una tableta de chocolate marca blanca o una colonia de garrafón.
Entonces le aconsejé que le escribiera una poesía. Venga, improvisa – le dije para ver qué tal lo hacía. El resultado, el que cabía esperar:
“Pensaba darte una rosa
para tí, la más hermosa
pero como soy un capullo
en tu water dejé un cerullo”
No había manera, de modo que solo le dije: llévala a cenar a un sitio especial y dile que la quieres.
A los dos días lo ví por la calle. Estaba abatido, habían roto- me dijo. Pero, ¿qué había fallado?- le pregunté. Resulta que la había llevado a cenar en San Valentín a la cafetería de un Tanatorio y, ante el morro que le puso la chica, le dijo que no se quejara porque la comida estaba de muerte...
Gracias por leerlo y... tranquilos que ni soy Paco ni me la saco.