El trabajo de un comercial consiste en hacer que las cosas más inútiles se conviertan en las más necesarias. Estás tranquilamente en casa y ni siquiera sospechas que te es absolutamente necesario un libro ilustrado sobre pardillos comunes. Hasta que suena el timbre. Piensas que han venido a revisar tu caldera, pero te equivocas. Han venido a revisar tu cartera.
Si has abierto la puerta a un comercial, has cometido tu primer error. Lo que procede en estos casos es echarse a correr y encerrarse en un baño. Pero tu no te das cuenta del peligro, por esto en menos de cinco minutos ya estás en el fascinante mundo del pardillo común.
Y esto puede significar sólo una cosa. Que has cometido tu segundo error: le has dejado hablar. ¿Te acuerdas de Ulises y del canto de las sirenas? Bueno, si no te han vendido todavía la enciclopedia de héroes griegos, igual no. Por esto te cuento. Ulises se hizo atar a un mástil para no poder arrojarse a las aguas y oír la música de las sirenas. A ti tampoco te vendría mal que alguien te atara. Pero no llamas a las urgencias psiquiátricas, y por esto sigues teniendo manos libres para hacer barbaridades.
Bueno, libres libres ya no. Además del libro sobre pardillo común, como por arte de magia en tus manos aparecen vajilla, cubertería, cristalería, aspiradora, plancha, quitapelusas y máquina para rascarte lo huevos. Pero no estás preocupado porque todas estas cosas son de regalo. O sea, no pagas ni un duro más por ellas. Vale, por estas cosas ni un duro, pero por el libro... Si pardillo común se hubiera enterado por cuanto van a vender sus fotos, se habría negado rotundamente a posar gratis, y habría pedido por lo menos la misma cantidad que pagarón a Terelu por la portada de Intervieu.
De repente llega el momento de firmar el contrato. Allí te podrían entrar ciertas dudas, ya que hace tiempo no llegas al fin de mes. Podrían. ¿Pero quién se va a preocupar por estas minucias, si puedes pagar tu compra en cómodos plazos hasta el año 2040? Y no pasa nada si en el transcurso de este período cometes una impertinencia de morirte. Por un módico precio de 500 euros por año te harán un seguro de vida, que te ayudará a saldar tu déuda con el pardillo pase lo que pase.
Al final te quedas solo. La anestesia te durará un par de horas más, hasta que coloques todas las cosas, quites toda la pelusa y te rasques todos los... No, no quería decir esto. Y te rasques un poco la cabeza. Este es el momento en el que por fin comprendes lo que has hecho. La única conclusión que puedes hacer es que pardillo común es un buen pájaro, y no porque canta de maravilla, de hecho no lo hace, sino porque más que pájaro es tu familiar directo. Si no me crees, explícame ¿como coño has podido hipotecrate hasta la médula por unos cuantos trastos inútiles?
Pero no te preopupes. Realmente pasa a menudo. Las grandes marcas intentan vendernos las cosas cueste lo que cueste. En los alimentos la palabra principal hoy en día es “sin”. ¿Has visto los refrescos que lucen una inscripción “sin materia grasa y gluten?” Ahora me puedes explicar ¿por dónde metes materia grasa en una cola? Sé la respuesta pero no es demasiado amable: “Por el culo de su inventor”. Con la misma suerte podrías vender unos playeros sin tacón, o Terelu sin María Teresa Campos.
Pero te resignas, y sigues tragando toda esta mierda que te echan: “!Colónia que huele a Shakira!”. Con lo que suda esta chica bailando, ¿me podrías decir a que huele su colónia?
Mañana voy a un mercadillo. Allí sí que hay buenos comerciales. Ojala me vendan algo necesario, y si no, me compro un pardillo común, que es buena inversión, digo yo, ¿no?
Buenas noches.